domingo, 15 de mayo de 2011

Es sólo cuestión del punto de vista


El diario de ella:

Anoche creí que él estaba actuando raro. Habíamos hecho planes para vernos en un bar y tomar un trago. Yo estuve de compras con mis amigas todo el día, y creí que él estaba molesto por el hecho de que llegué un poco tarde a la cita, pero no hizo ningún comentario al respecto.
Nuestra conversación no fluía, así que le sugerí que fueramos a un lugar más tranquilo para poder platicar. Aceptó, pero permaneció callado y ausente. Le pregunté qué pasaba; me dijo que nada pasaba. Le pregunté si era mi culpa que estuviera molesto; me dijo que no tenía nada que ver conmigo y que no me preocupara.
De camino a casa le dije que lo amaba; él simplemente sonrió y siguió conduciendo.
No puedo explicarme su comportamiento. No sé porqué no dijo "También te amo".

Cuando llegamos a casa sentí que lo había perdido, que ya no quería tener nada conmigo.
Sólo se sentó y vio televisión. Se veía distante y ausente.
Finalmente decidí irme a dormir. Alrededor de diez minutos después vino a la cama y para mi sorpresa respondió a mi preocupación e hicimos el amor; pero aún parecía distraído y sus pensamientos estaban en otro lugar. Se quedó dormido --Yo lloré. No sé qué hacer. Estoy casi segura de que sus pensamientos están con alguien más.
Mi vida es un desastre.


El diario de él:

Hoy tuve el peor juego de golf de toda mi vida, pero al menos tuve sexo.


viernes, 13 de mayo de 2011

¿Piensan que su niñez fue dura?


Pues a la mierda, porque no es nada comparada con la mía.

Mi mamá prácticamente me corrió de la casa, antes de que cumpliera siquiera 13 años, y nunca conocí a mi papá. Mi único amigo hasta que tuve 10 años era el pendejo del vecino que se la pasaba madreándome y diciéndome que era un inútil. Ni siquiera tenía otra opción, en el pueblo vivían como 9 personas nada más, fuera de mamada.

Toda mi adolescencia fue mudarme de lugar en lugar intentando llevarme bien con personas que ni me querían.

¿Y saben que es lo peor? Mi único mejor amigo, era este chino de unos 30 años, que sólo iba conmigo por que pensaba que yo de alguna forma podría ayudarle con las mujeres. Lo único chido es que también andaba con nosotros una pelirroja, plana como la chingada... de esas digitales, pero era toda una caliente.

De seguro era sado o alguna madre así, por que se la pasaba pegándome y diciéndome que le encantaba mojarse.

Pero lo peor de mi pinche vida, era esta pareja que parecía que NO podía evitar. Ya saben, ese tipo de parejas que son cagantes nada más verlos, que hasta usan ropa igual y terminan las oraciones del otro... Y tenían un gato! Que era inclusive más cagante que ellos; neta no secallaba el pinche gato...

Como les decía, iba de pueblo en pueblo, peleándome con otros chicos de mi edad, y uno que otro adulto ocasionalmente.

Lo único que me mantenía adelante, era el sueño de convertirme en un maestro Pokemon.

jueves, 12 de mayo de 2011

Hoy

Hoy me levanté y sentí los brazos pesados, las piernas débiles y el ánimo mucho muy por debajo del suelo. Mis ganas no estaban y no pude encontrar por ningún lado un motivo suficiente para salir de mi casa.

¿Dónde quedó mi objetivo? ¿Cuál es mi motivación? Ilusiones; ilusiones por todas partes.

Yo, que siempre pretendo ser realista con las personas y conmigo mismo, hoy me di cuenta de que no vivo más que de ilusiones disfrazadas de sueños y falsas esperanzas.

Vivo en un mundo que no existe, falso y doloroso que he creado dentro de mi cabeza y que HOY estoy decidido a abandonar.

Hoy salí de mi casa y me di cuenta de que por mucho que me esfuerce el mundo no se detiene por mí ni para mí.

Al mundo no le importa si vivo o muero; si río o si lloro; si estoy bien o si estoy mal. Al mundo le da igual lo que me ocurra, por eso me es más saludable dejar que las cosas pasen como tienen que pasar y dejarme llevar por el flujo de la vida tal cual; como la hoja muerta de un árbol, que ha caído y es arrastrada por el viento.

Hoy más que otras veces tengo ganas de desaparecer; de no dejar rastro. Tengo ganas de irme lejos donde nadie me conozca; donde pueda empezar de nuevo, y no, no por huir, pues aquí no tengo nada que llevarme y nada que dejar; nada ni nadie quien me siga ni a quien dejar…

No quiero huir, no quiero escapar, simplemente quiero ser otro, y tristemente aquí, aunque es lo que más deseo, no puedo, porque hoy me di cuenta de que por más que quiera no puedo cambiar quien soy, cómo soy. Mis esfuerzos son vanos cuando, como hoy, me levanto y me doy cuenta por fin de que no hay quien confíe en mí, no hay quien se preocupe, no hay quien me quiera. Porque por mucho que haga o diga no puedo hacer cambiar a los demás en cuanto a lo que han de pensar de mí.

Hoy de camino al trabajo me di cuenta de que los polos opuestos se atraen. De que lo positivo atrae lo negativo y viceversa. Aunque nunca imaginé que eso me estuviera pasando a mí (qué orgulloso fui).

Cuando todo mundo dice: “sé positivo y cosas buenas te pasarán”, yo pienso en que entre más positivo y bueno soy (relativamente, por supuesto) más cosas malas me tocan y negativas me pasan. Tampoco pretendo ser trágico ni dramático, es sólo que hoy me di cuenta de todo esto.

Me di cuenta de que aunque yo quiero cambiar (yo mismo) y cambiar (y ayudar) a los demás no puedo hacerlo; no tengo la capacidad de influir en sus vidas de ninguna forma y no sé por qué, si siempre doy todo de mí, siempre lo mejor de mí. Y cuando creo estar yendo en la dirección correcta, cuando siento que algo estoy haciendo bien, cualquier cantidad de estupideces me derrumba todo lo que he construido. Hoy me di cuenta de eso.

Hoy, estando aquí sentado, frente al monitor y viendo a la gente pasar me doy cuenta de que sí, quizás sí es cierto que es mi realidad estar solo, y que tengo que aprender a vivir de esta forma, por y para mí. Dejar de esperar a alguien que me quiera, alguien que sea para mí. Dejar de esperar que las cosas cambien como yo quiero y ya darme cuenta de que las cosas son tan cual.

No me volveré egoísta y no me escaparé del mundo, pues al fin de todo algún día me iré.

Algún día dejaré todo atrás y ya no habrá nada que me preocupe, pero mientras tanto a seguir soportando este corto pero tan largo (y vano) sueño que es la vida.