
¿Dónde quedó mi objetivo? ¿Cuál es mi motivación? Ilusiones; ilusiones por todas partes.
Yo, que siempre pretendo ser realista con las personas y conmigo mismo, hoy me di cuenta de que no vivo más que de ilusiones disfrazadas de sueños y falsas esperanzas.
Vivo en un mundo que no existe, falso y doloroso que he creado dentro de mi cabeza y que HOY estoy decidido a abandonar.
Hoy salí de mi casa y me di cuenta de que por mucho que me esfuerce el mundo no se detiene por mí ni para mí.
Al mundo no le importa si vivo o muero; si río o si lloro; si estoy bien o si estoy mal. Al mundo le da igual lo que me ocurra, por eso me es más saludable dejar que las cosas pasen como tienen que pasar y dejarme llevar por el flujo de la vida tal cual; como la hoja muerta de un árbol, que ha caído y es arrastrada por el viento.
Hoy más que otras veces tengo ganas de desaparecer; de no dejar rastro. Tengo ganas de irme lejos donde nadie me conozca; donde pueda empezar de nuevo, y no, no por huir, pues aquí no tengo nada que llevarme y nada que dejar; nada ni nadie quien me siga ni a quien dejar…
No quiero huir, no quiero escapar, simplemente quiero ser otro, y tristemente aquí, aunque es lo que más deseo, no puedo, porque hoy me di cuenta de que por más que quiera no puedo cambiar quien soy, cómo soy. Mis esfuerzos son vanos cuando, como hoy, me levanto y me doy cuenta por fin de que no hay quien confíe en mí, no hay quien se preocupe, no hay quien me quiera. Porque por mucho que haga o diga no puedo hacer cambiar a los demás en cuanto a lo que han de pensar de mí.
Hoy de camino al trabajo me di cuenta de que los polos opuestos se atraen. De que lo positivo atrae lo negativo y viceversa. Aunque nunca imaginé que eso me estuviera pasando a mí (qué orgulloso fui).
Cuando todo mundo dice: “sé positivo y cosas buenas te pasarán”, yo pienso en que entre más positivo y bueno soy (relativamente, por supuesto) más cosas malas me tocan y negativas me pasan. Tampoco pretendo ser trágico ni dramático, es sólo que hoy me di cuenta de todo esto.
Me di cuenta de que aunque yo quiero cambiar (yo mismo) y cambiar (y ayudar) a los demás no puedo hacerlo; no tengo la capacidad de influir en sus vidas de ninguna forma y no sé por qué, si siempre doy todo de mí, siempre lo mejor de mí. Y cuando creo estar yendo en la dirección correcta, cuando siento que algo estoy haciendo bien, cualquier cantidad de estupideces me derrumba todo lo que he construido. Hoy me di cuenta de eso.
Hoy, estando aquí sentado, frente al monitor y viendo a la gente pasar me doy cuenta de que sí, quizás sí es cierto que es mi realidad estar solo, y que tengo que aprender a vivir de esta forma, por y para mí. Dejar de esperar a alguien que me quiera, alguien que sea para mí. Dejar de esperar que las cosas cambien como yo quiero y ya darme cuenta de que las cosas son tan cual.
No me volveré egoísta y no me escaparé del mundo, pues al fin de todo algún día me iré.
Algún día dejaré todo atrás y ya no habrá nada que me preocupe, pero mientras tanto a seguir soportando este corto pero tan largo (y vano) sueño que es la vida.